lunes, 12 de agosto de 2013

MARGINADAS

MARGINADAS


El retumbar del disparo del arma policial, provocó una estrepitosa fuga de las palomas que caminaban por la plaza. La mendiga y la maestra casi al unísono, cayeron al piso abrazando al niño. Por un momento a la primera, le importó más el bienestar del chiquillo, que ser reconocida como madre natural. En cambio la segunda, en su desequilibrada psiquis, pensaba: ¡Mío o de nadie! Prefiriendo la justicia del Rey Salomón.



Unas semanas antes a éste día y durante su diario sobrevivir reciclando desperdicios, Juana había encontrado el dinosaurio, que tiempo atrás, desapareció del hospital junto con su hijo, ella misma le había cosido al peluche una medallita en el tobillo.

Vigiló la casa sospechosa; Identificó a la ladrona; memorizo sus horarios, su rostro e incluso su andar. Una noche pudo ver a su pequeño a través de una ventana. Durante ocho meses lo había podido tener en sus brazos; hacía casi tres años que se lo arrebataron.



Juana esperó a la falsa madre a la salida de misa. El atrio amplifico los gritos que atrajeron al vigilante de turno. La pordiosera sacó un cuchillo y persiguió a la raptora por los canteros de la plaza. El inexperto policía apretó el gatillo. Después de un profundo silencio se lo escuchó al niño llamando a su mamá.



© José Luis Beltramino.

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